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Recomendaciones otoñales del Comité de Seguridad FEDME

Este texto es una lección bien aprendida por parte del Comité de Seguridad FEDME, quien nos deja una serie de recomendaciones otoñales en base a su experiencia. Desde TwoNav tomamos buena nota.

Un sábado cualquiera de otoño. Una lección aprendida

Un sábado cualquiera de octubre, Sara y Toni, junto a otra pareja de amigos, deciden realizar una excursión de fin de semana al Puigpedrós, un pico de 2915 metros de altitud del Pirineo Oriental Catalán.

Como de costumbre, el jueves anterior, revisan todos los pormenores de la planificación de la ruta y la previsión meteorológica. Se espera para el día de la actividad bajadas fuertes de temperaturas y copiosas precipitaciones en la zona del Puigpedrós, con una certeza de más del 90%. Esto hace que los compañeros de Sara y José abandonen la excursión ya que había poca esperanza de poder realizarla. Pero Sara y Toni, deciden intentarlo ya que era un pico que llevaban tiempo detrás de él. Albergan la esperanza de que la previsión no se cumpla y la suerte les acompañe para realizar su ansiada excursión. Son montañeros habituales de esa zona de Pirineos.

Una vez recorrido el viaje desde Barcelona, en el refugio, donde estaba el parking encuentran todo en un estado normal. Aunque está algo nublado no se ve el empeoramiento meteorológico previsto. Confiados por esto, interpretan que han acertado en su decisión de acercarse hasta la montaña… tienen que intentarlo, la suerte acompaña a los valientes, como se suele decir…Empezaron la ruta lloviznando, pero con buena visibilidad, además se sentían seguros porque Toni se había descargado la ruta del ascenso y descenso del Wikiloc en la aplicación de su teléfono móvil por si se perdían o caía la niebla. También se animaron por la sencillez de la ruta y el equipamiento que llevaban. Todo discurría bien, encontraron en la subida algo de nieve recién caída que lejos de echarlos para atrás les motivaba más aún ya que el paisaje nevado les embriagaba. Sara, me contaba unos meses después mientras la entrevistaba: “Sentíamos que estábamos donde nos gustaba estar, haciendo lo que nos gustaba hacer. ¡Qué podía salir mal!”.

Continuaron hasta su codiciada cumbre. Ya cerca de ella empezó a nevar con contundencia, pero la visibilidad seguía siendo buena, por lo que no les preocupó demasiado y decidieron hacer cumbre, muy cerca de donde estaban. Una vez en ella, de repente, el paisaje cambio, había unos 10-15 centímetros de nieve, y el valle aparecía totalmente tapado por la niebla, y lo peor es que la nevada cada vez era más densa, lo que provocaba perdida de visibilidad. Se dieron cuenta de que la previsión meteorológica se estaba cumpliendo en el peor momento y lugar posible. Iniciaron un trepidante descenso, tan trepidante como la velocidad en la que la niebla los rodeó. En un instante la visibilidad era pésima, y la traza del sendero estaba totalmente tapada por la nieve.

En seguida pensaron que necesitaban utilizar el GPS del teléfono móvil utilizando la aplicación de Wikiloc para poder orientarse. Toni sacó su dispositivo y descubrió que no tenía batería. Tiró de la de reserva externa que llevaba, pero no tenía carga, el frío había acabado con ella. Entonces, Sara echó mano de su teléfono para intentar bajarse la app de Wikiloc y el track, pero no tenían buena cobertura y no pudieron conseguirlo.

Metidos en un mar de niebla, donde les era imposible orientarse sin GPS, decidieron pedir ayuda por teléfono. Pensaron que quizás si pudieran dar su ubicación les podrían guiar. Establecieron una llamada con el 112, avisaron de su situación, les dijeron que estaban perdidos y que iban equipados con comida y agua. Intentaron mandar su ubicación, pero no había suficiente cobertura en la zona. La tormenta lejos de bajar su intensidad cada vez iba a más, y las posibilidades de una ayuda externa en helicóptero era inviable, y sin poder dar su localización tampoco era probable una ayuda por tierra. Para colmo, mientras Sara se movía por la nieve con el brazo extendido buscando cobertura con la mano enguantada y fría, el teléfono se le cayó y se perdió entre la voluminosa capa de nieve fresca.

Bastante desesperanzados, decidieron perder altura rápidamente aun sabiendo que se saldrían de la probable ruta normal de búsqueda. El frío empezaba a ser aterrador. Bajaron por lo que se intuía un valle con la esperanza de que aumentaran las probabilidades de encontrar un refugio natural. Y así fue, encontraron dos rocas juntas donde montar un vivac de emergencia tapando los agujeros y huecos para evitar corrientes de aire.

La noche cayó. No consiguieron pegar ojo durante ese tiempo porque el frío les hacía tiritar constantemente, tenían que moverse para intentar mantener el calor. A la mañana siguiente, después de toda la noche nevando, la niebla seguía densa. Su esperanza de recibir ayuda se vino abajo. Toda la mañana se mantuvo una cúpula de niebla densa a su alrededor. Más frío y nieve.

A mediodía, desesperados, decidieron abandonar el refugio e intentar volver a la ruta que habían desestimado la tarde anterior ya que pensaban que si los buscaban sería por allí. La vuelta en un principio se convirtió en un ascenso peligroso, caminaban sin poder ver y desorientados, no se atisbaba ningún tipo de marca que los situara en el itinerario, sólo se vislumbraban monolitos con medio metro de nieve encima. Era imposible orientarse en esas condiciones, por lo que caminaron sin dirección sin parar hasta caer de nuevo la noche. En este momento, Toni estaba con severos síntomas de hipotermia y empezaba a tener alucinaciones. Sara intentaba hacerle de soporte moral y le animaba para seguir adelante, ella no quería perder la esperanza.

Ya, a última hora de la tarde, necesitaban descansar, pero en donde estaban no había posibilidad de refugiarse, todo era una explanada de nieve y rocas. Encontraron una bajada por otro valle donde parecía avistarse algo similar a una casa de pastores. Decidieron bajar por una pendiente muy peligrosa, encontraron un río que había que cruzar, decidieron vadearlo por dentro del agua, el ansia por llegar al refugio los llevo a no molestarse en buscar un paso por donde no se mojaran los pies. En pocos segundos las botas estaban mojadas y se congelaron. Lo peor estaba por llegar. Aquello que les pareció una caseta de pastores con el tejado nevado, era una gran roca oscura cuadrada con la cima cubierta de nieve. Con este panorama empezaron a buscar otro refugio. Halaron una roca que les podría proteger un poco de la intemperie, pero Toni ya no podía estar más de pie, estaba extenuado, así que decidieron conformarse con el precario refugio.

Pasaron la segunda noche realmente mal, al límite de sus fuerzas, tiritando y con mucho frío. Cuando amaneció sintieron lo que parecían síntomas visibles propios de congelación en los pies. Esa mañana dentro del refugio improvisado desde donde no se podía ver el exterior la histeria empezaba a apoderarse de ellos, pero la mañana trajo un día despejado. Empezaron a caminar como sonámbulos y en menos de una hora escucharon el ruido de un helicóptero.

Esta experiencia tan espeluznante, pero con final feliz, es fruto de la entrevista que le hice a Sara, con la intención de analizar las causas de los accidentes en montaña que lideramos desde el Comité de Seguridad de la FEDME. Es, sin duda, una lección aprendida, cuya finalidad es que sirva para aprender de los incidentes o accidentes contados por sus protagonistas.

Cuando charlaba con Sara tranquilamente, meses después del suceso, ella me transmitía su experiencia con grandes detalles. Mientras tomaba nota, la observaba detenidamente y a través de mis preguntas intentaba averiguar en ella alguna pista que me llevará a encontrar una razón lógica que les llevó a emprender aquella excursión, claramente, imposible y arriesgada debido a la previsión meteorológica tan adversa. En su forma de explicarme las cosas podía vislumbrar que no era una montañera principiante, sino todo lo contrario, demostraba experiencia y conocimientos en montaña para saber a lo que se enfrentaban.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que Sara y Toni, no son diferentes a los demás montañeros que sufren o no accidentes, la verdad es que somos todos iguales, incluidos tú y yo, querido lector. Y creer lo contario te puede traer malas consecuencias, o lo que es lo mismo pensar que a ti no te hubiera pasado porque, lógicamente, como hicieron sus compañeros que se retiraron, hubieras hecho esto mismo.

Mi experiencia en el análisis de accidentes me lleva a la conclusión de que la gran mayoría son personas normales, montañeros normales, que fallan en su toma de decisiones. Ciertas influencias emocionales o sesgos mentales les hacen considerar como correctas acciones incorrectas. Lo especial de este caso, es la espectacularidad de las consecuencias. En verano pudiera haber sido simplemente una noche estrellada deambulando por la montaña perdidos por una gran ladera. En cambio, ya en otoño, se convirtió en una lucha por la supervivencia extrema como hemos podido ver.

Una vez leído el relato “Un sábado cualquiera de otoño”, y retomando el objetivo de este artículo que pretende aportar recomendaciones para la práctica deportiva segura en la montaña en otoño, puedo añadir estas conclusiones:

  • Debéis planificar correctamente el itinerario, sobre un mapa. Y, además, hay que utilizar un dispositivo GPS específico como soporte de ayuda ante la posibilidad de que oscurezca, porque los días son cada vez más cortos, y se puede producir una pérdida de visibilidad a causa de la niebla. En www.twonav.com podéis encontrar el dispositivo adecuado a vuestra actividad, y lo que es más importante, tutoriales para saber utilizarlo adecuadamente. Claramente un teléfono móvil no es el aparato más recomendable.
  • Hay que revisar la meteo prevista, como hicieron Sara y Toni, e interpretar como afectará esta al terreno, a la visibilidad, a la progresión, a la elección de la vestimenta… La especie urbana es muy vulnerable sin medios adecuados en la montaña extrema.
  • Las primeras nevadas crean terrenos inestables llenos de agujeros y eliminan los rastros del terreno complicando la orientación.
  • No olvidéis vuestro material de vivac, adecuado a la temperatura e inclemencias posibles en noches largas y frías de otoño. A Sara y a Toni, les salvo la vida.
  • Considerar la etapa de transición de verano a invierno como la más delicada y difícil de abordar en cuanto a la elección del material que hay que llevar. Nuestra percepción cercana es de un verano caluroso y pasamos a un invierno frío, lo que provoca que en otoño podamos encontrar días muy calurosos en las horas principales del día con terrenos en situación estival, y en la siguiente jornada podemos encontrar días fríos donde una capa de nieve cubre el terreno.
    Y así, multitud de puntos que os harán más seguras vuestras salidas. Pero si queréis la mejor recomendación, os diría que todo lo anterior, como hemos visto en la historia de Sara y Toni, no valen de nada si no evitamos ser excesivamente complacientes en las elecciones de vuestros itinerarios. Se debe imponer lo razonable a lo que deseamos. Recordar que todo lo que queremos hacer no podemos o debemos hacerlo.

La base de nuestro éxito en montaña estriba en una interpretación correcta de la meteorología, y debemos ser siempre conservadores en nuestra decisión. Es posible que un cielo azul a primera hora nos lleve a la percepción de que hemos tenido suerte, que nuestros sueños se han cumplido. Las personas en general siempre somos optimistas, y sobre todo en nuestros días de tiempo libre que son escasos. El “hoy voy a tener suerte”, nos lleva a imaginar, a creer, que la aparición de un día espectacular cuando la previsión meteorológica es de un 90% de probabilidad de nevadas fuertes, sea el inicio de un día fantástico para nuestros objetivos. A esto se le llama optimismo ilusorio, y es un enemigo terrible. Y como hemos visto, cuando la realidad se presenta, igual ya es tarde como la de nuestra historia.
-Os recomendaría siempre que cuando se presenten fines de semana inciertos, típicos de las temporadas otoñales, siempre deben ir acompañados de un plan B atractivo y seguro, que os ayude a desterrar el principal cuando las dudas aparezcan.
-Y por último, aunque peque de crueldad, no te creas que la montaña te quiere, no le importas nada, ni el buen tiempo es porque eres especial, ni el mal tiempo porque eres mala persona. Simplemente la montaña es así, este quien este. Lo que te debe preocupar es que te ha llevado a estar ahí cuando no debías.
No me mal interpretes querido montañero, no creas que te quiero sacar de esa conexión fantástica que sentimos cuando estamos en comunión con la naturaleza, pero nunca olvides que la montaña tiene dos caras y las dos, aunque no lo creas, son peligrosas.

José Ignacio “Rizos” Amat
Comité de Seguridad FEDME

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